PROPAGANDA ELECTORAL, el impacto ambiental y el impacto en el paisaje urbano.

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En Chile, cada vez que hay elecciones, ya sean presidenciales o municipales, las calles y alumbrados públicos se llenan de propaganda política, las que al transcurrir los días se convierten en basura (electoral). Los ciudadanos no deberían permitir que los políticos contaminen sus ciudades, si ni siquiera la propaganda comercial es tan masiva.
En teoría, las calles tendrían que quedar limpias luego de las elecciones, pero esto jamás sucede, de hecho, hay propaganda electoral que permanece olvidada por años, causando un grave daño al ecosistema, y contaminando no solo al medio ambiente, sino que originando una contaminación visual que afecta al paisaje urbano y la seguridad de sus habitantes. Más de 500 toneladas de basura se produce en las elecciones, sin tener claro cuánto de aquella se recicla, o se reutiliza, gastando una cantidad desmedida de dinero que termina como desperdicios, con cientos de árboles menos, y un país más contaminado.

Debido a la exagerada cantidad de publicidad y/o carteles en la vía pública ocasiona distracciones a la hora de conducir y representa algún grado de peligrosidad en los desplazamientos, anulando el tiempo de reacción que exige trasladarse en un sistema vial dinámico y seguro. Estos avisos, que abundan por las calles, pueden provocar un trágico accidente producto a la obstaculización de las señales de tránsito, semáforos y por la instalación de pancartas a menos de 20 metros de las esquinas; prácticas que no tienen fiscalización, ocasionando accidentes fatales.
La propaganda electoral que invade la ciudad en cada elección, es un peligro que debe ser regulado. Si bien existe una ley que nombra las diversas propagandas ilegales, esta no se respeta, y se ve de manera escandalosa y sin recato alguna repartida  ilegalmente en las calles y mobiliario público.

El espacio público de todas las ciudades de Chile se ve invadido por carteles, afiches, rayados de murales, pendones, panfletos y volantes, que interfieren el uso regular de los espacios. Acosando al ciudadano, sin voluntad de comunicar, sino que de insistir con el nombre y la foto del candidato, para lograr el tan anhelado voto.

El espacio público es de TODOS y se ve invadido completamente por unos pocos que logran interferir con la rutina diaria, disociando y transformado el espacio de tal manera de volverlo antiestético y vulnerable ante la posibilidad de la seguridad que debe brindar como público.
Si se restringiera el tipo de propaganda electoral, quizás se genere una mayor competencia entre las ideas de los candidatos y además se fomentara las apariciones de los noticieros por televisión, la radio, franja televisiva, propaganda por internet, etc. Puede que la propaganda electoral disminuya, reduciendo también la basura generada posteriormente y la contaminación en seguida.
Se debe revisar la manera de comunicar y entregar campañas creativas, con contenido y visualmente atractivas para que logren integrarse a la ciudad y formar un todo que permita la interacción fluida, pero no de manera invasiva, ni afectando el habitar diario.
La publicidad es parte de la ciudad, es un medio más de comunicación, pero debe estar presente en las infraestructuras adecuadas, sin poner en peligro a los habitantes, debe estar legislada de tal manera de evitar la contaminación visual y simpatizar con el paisaje urbano.
La propaganda afecta en una ciudad tanto a nivel de sustentabilidad, de movilidad, de economía y en la propia sociedad, que posee diversos puntos de vista y opiniones variadas que generan además un punto crítico y una opinión particular en cada ciudadano, es lo que le permite elegir y ejercer una decisión de manera autónoma, pero que con malas prácticas se va descomponiendo, evolucionando a disgustos, que a final de cuentas afecta a todos por igual, disociando así pequeñas piezas importantes para una sociedad.

Por lo tanto, todo está relacionado, las decisiones afectan desde el individuo en particular, hasta la ciudadanía en general, y es por ello que las malas prácticas deben corregirse, para evitar confrontaciones entre los habitantes, que claramente nunca llegaran a estar de acuerdo en una misma decisión, pero por lo menos el llegar a un acuerdo permite vivir mejor en sociedad.
Las propagandas ilegales, la cantidad de carteles que circular en el entorno, afectan a cada ciudadano, desde el peatón que se ve sumergido en una masa de anuncios interfiriendo su movilidad diaria, al igual que al conductor donde su visibilidad se ve obstruida y el recorrido del ciclista que se obstaculiza por la presencia de elementos ajenos y para nada solidarios con el paisaje urbano. Es ahí donde nace el descontento de la ciudadanía, cuando su modo de habitar no es el que está acostumbra a establecer, y surgen acontecimientos que vuelven su vivir caótico, problemático ante las actividades realizadas por terceros, terceros que deberían resguardar la seguridad de la urbe a diario.

La propaganda como se dijo anteriormente es parte de la ciudad, no es negativa, pero debe tomarse en cuenta la forma en la que se emite y como se distribuye alrededor de los recintos públicos sin entorpecer ni disminuir la calidad de la ciudad y la movilidad de sus habitantes. Las propagandas electorales en zonas no autorizadas solo causan problemas y un descontento generalizado que impiden el continuo funcionamiento del núcleo urbano.

Los chilenos merecen una campaña limpia y segura, limpia de desechos y contaminación visual, y segura para seguir habitando el espacio de manera dinámica, sin percances. Se debe hacer valer la ley para todos, sin excepción, hacer valer los derechos que tiene cada ciudadano que se vea amenazado, ya que la propaganda electoral genera una cantidad de puntos ciegos que se convierten en verdaderas trampas mortales en su desplazamiento.

La ley es clara, no se debe instalar propaganda en plazas y parques; está prohibido el uso de postes y cableados de luz; no se pueden rayar ni pintar muros de inmuebles públicos, ni tampoco utilizar inmobiliario urbano, como basureros, semáforos o puentes. Pero lamentablemente por la imprudencia de algunos, son muchos más lo que pagan las consecuencias.

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